Tras una presentación de un vídeo en el que se resumía en imágenes la semana en Oldenburg, el director del colegio alemán, Herr Isstas, fue presentando, uno a uno, a los diferentes alumnos españoles ( en la imagen, Roberto). Con un perfecto alemán, todos hicieron una presentación que constaba en decir su nombre, su edad, su lugar de residencia y sus hobbies favoritos.
No sólo les tocó subir al escenario a los alumnos, sino también a los profesores; a Loli, a Esther y a Elías. Este último agradeció al colegio, tanto a los alumnos como a los diferentes profesores que habían colaborado en la visita, su cariño, su hospitalidad, su generosidad y tuvo también un recuerdo y un agradecimiento personal a Herr Isstas y sobre todo, a Mario Pérez Iglesias, sin el que la visita no hubiera resultado tan maravillosa como finalmente fue. Muchas gracias de nuevo, Mario.
Seguidamente se dirigieron al internado del colegio donde, tanto a los alumnos como a profesores, le aguardaba una fiesta en su honor. A la una se dirigieron al comedor donde les esperaba una comida muy típica alemana: salchichas con patatas fritas, ensalada y helado, que hizo las delicias, tanto de alumnos como de profesores.
A las 14:30 cogían el tren que les llevara al aeropuerto de Hannover desde donde enlazarían con otro a Franckfurt que les traería a Madrid.
A medianoche el avión aterrizó en el aeropuerto de Barajas donde los padres esperaban con entusiasmo ver las caras cansadas de sus hijos pero a la vez ilusionadas por la experiencia vivida los últimos siete días.
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